lunes, 29 de agosto de 2011

LAS PERSONAS CON UN SALARIO MENOR AL MÍNIMO SE DUPLICAN DESDE 2004

- En 2004, los trabajadores que no llegaban al salario mínimo representaban el 6% de todos los ocupados y a finales de 2009 ya superaba el 10%.
- Las rentas bajas suman más de un millón de trabajadores en cinco años mientras las que superan el salario más frecuente se reducen en 1,8 millones en ese mismo periodo.

SERGIO BARBEIRA | xornal.com | 29/08/2011

Los españoles son cada vez más pobres. Hay diversos estudios sobre la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores españoles, aunque los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) acerca del salario mínimo interprofesional (SMI) son un termómetro de cómo ha evolucionado la capacidad de compra de los ciudadanos en los últimos años. Desde 2004 el empobrecimiento no ha parado de aumentar, ya que la proporción de trabajadores que cobran del salario mínimo (8.736 euros en 2009) para abajo ha pasado del 6% en ese año (1.097.286 personas) al 10,02% (1.864.590 ocupados) en 2009, último año del que se tienen datos oficiales.

Estas cifras reflejan que en los últimos cinco años las personas que ganan por debajo del salario mínimo casi se han duplicado y, a falta de que se conozcan los datos de 2010, todo indica que este colectivo habrá seguido una tendencia al alza, al igual que lo han hecho las familias en las que no entran ingresos, que se acercan a los 1,4 millones en toda España.

Pero el aumento de los ocupados que menos ganan no es la única señal de empobrecimiento. Los trabajadores cuya remuneración es superior a dos veces el SMI (en 2009, casi 17.500 euros, que coincide con el salario que gana casi el 45% de los españoles) representaban en 2004 el 66,5% del total, es decir, 12,2 millones de personas. En 2009 eran 10,4 millones, 1,8 millones menos o, lo que es lo mismo, el 55,8% de los ocupados del Estado. Es decir, las rentas por encima del salario más frecuente se han reducido en casi once puntos porcentuales, lo cual es una caída muy importante en tan poco tiempo. Por el contrario, el segmento de los trabajadores con menos renta (aquellos que cobran dos veces o menos el salario mínimo) pasaron de aglutinar al 39,1% de la población ocupada española al 44,2%, lo que supone un aumento superior al millón de personas.


viernes, 29 de julio de 2011

KAROL WOJTYLA Y LOS OBREROS. SEMINARISTA OBRERO

Karol Wojtyla en la fábrica Solvay
“La fábrica Solvay y después, pasados los años de la primera juventud, la cantera de piedra y el depurador del agua en la fábrica de bicarbonato en Borek Falecki se convirtieron para mí en seminario. No se trataba ya únicamente del pre-seminario, como en Wadowice. La fábrica fue para mí, en aquella etapa de mi vida, un verdadero seminario, aunque clandestino. Había comenzado a trabajar en la cantera en septiembre de 1940; un año después pasé al depurador de agua en la fábrica. Fue en aquellos años cuando maduró mi decisión definitiva. En otoño de 1942 comencé los estudios en el seminario clandestino como ex alumno de filología polaca, siendo obrero en la Solvay. No me daba cuenta de la importancia que todo ello tendría para mí. Únicamente más tarde, ya sacerdote, durante los estudios en Roma, conociendo a través de mis compañeros del Colegio Belga el problema de los sacerdotes obreros y el movimiento de la Juventud Obrera Católica (JOC), comprendí que lo que había llegado a ser tan importante para la Iglesia y para el sacerdocio en Occidente -el contacto con el mundo del trabajo- yo lo había ya adquirido en mi experiencia de vida.

En realidad, mi experiencia no fue la de "sacerdote obrero" sino de "seminarista-obrero". Por el trabajo manual sabía bien lo que significaba el cansancio físico. Encontraba cada día gente que realizaba duros trabajos. Conocí su ambiente, sus familias, sus intereses, su valor humano y su dignidad. Personalmente noté mucha cordialidad por su parte. Sabían que yo era estudiante y sabían también que, en cuanto las circunstancias lo permitieran, volvería a los estudios. Nunca vi hostilidad por ese motivo. No les molestaba que llevase los libros al trabajo. Decían: "Nosotros estaremos atentos: tu lee". Esto sucedía sobre todo durante los turnos de noche. Decían frecuentemente: "Descansa, nosotros estaremos de guardia".

jueves, 21 de julio de 2011

CONTRADICIONES

José I. González Faus, teólogo

Desde que el gobierno anunció la nueva reforma laboral se han puesto de manifiesto algunas contradicciones bastante llamativas.
1.- Tras haberse pasado días y días negociando sin llegar a un acuerdo, los sindicatos dicen ahora que es mejor regirse por un acuerdo que recibir una normativa impuesta. Pero fue la imposibilidad de ese acuerdo la que hizo intervenir como árbitro al gobierno, mientras la oposición se relamía aprovechando la coyuntura para criticar al gobierno por su pasividad y su inoperancia. ¿De qué se quejan pues?

2.- El presidente de la patronal declara que los empresarios tienen pánico de contratar. Gran verdad pero media verdad: la otra media es que los obreros tienen un pánico mayor, tanto de ser contratados como de no serlo: pues su alternativa es: trabajo-basura o paro-basura.

Parece pues que los empresarios sólo contratarían sin miedo si tuviesen un ejército de reserva que les permita decir: “esto es lo que hay y, si no lo quieres, hay cien más esperando en la cola”…, es decir: si contrataran violando la Declaración de los derechos humanos y la Constitución española que hablan ambas de que toda persona tiene derecho a un trabajo digno[1].

Católicos en la vida política

+ Joan Piris Frígola, Obispo de Lleida

Ya ha quedado muy lejos aquello que se decía antes entre los católicos: no te metas en política. Todos sabemos muy bien que el compromiso del cristiano en el mundo no es opcional y que se debe poder expresar de muchas maneras, también participando en la acción política.

Los fieles cristianos laicos no pueden olvidar que, además del cumplimiento de los deberes cívicos comunes en conformidad con los valores coherentes con la propia conciencia, deben desarrollar también sus tareas contribuyendo a animar cristianamente el orden temporal. En este sentido hay una clara línea doctrinal en el Concilio Vaticano II y en el Concilio Provincial Tarraconense (cfr. n. 31) y un buen resumen en el Catecismo de la Iglesia Católica que los católicos deben tener presente. Esto no quiere decir renunciar a la autonomía propia de los laicos en política, que no está en contradicción con la enseñanza moral y social de la Iglesia. Se debe reconocer la legítima libertad de los católicos de elegir, entre las diferentes opciones, aquella que según el propio criterio se oriente mejor a las exigencias del bien común, y esto siendo compatible con la fe que profesan. La pluralidad de opiniones temporales es un hecho, pero el cristiano también debe hacer ver que hay fundamentos y principios éticos que no son negociables, y que la estructura sociopolítica ha de tener siempre en cuenta el bien integral de las personas. Volvamos a recordar la conocida cita conciliar: la persona humana, está por encima de todas las cosas y sus derechos y deberes son universales e inviolables (GS 26).
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